vicisitudes - eze.
domingo, 11 de julio de 2010
Lagrimal.
vicisitudes - eze.
miércoles, 7 de julio de 2010
Poesía inequívoca y otros (fragmento - 2006)
Introducción
Es sumamente necesario precisar que lo publicado en esta entrada, es una porción de mis primeras expresiones lingüísticas. En el momento de escribir esto que hoy presento, contaba con la edad de dieciocho años. Terminaba la escuela secundaria con un nuevo camino literario recién comenzado, la revolución hormonal y los autores que pude leer en aquel entonces, actuaron eficazmente para la producción de estas palabras. Hoy en día, con algunos lamentos, tal vez. O quizás con poco orgullo y más vergüenza, decido desempolvar el cronotopo bajtiniano expresado en palabras.
Ezequiel. T.
Poesía inequívoca
¡Oh! musa del canto abrupto,
que amenazas, que tientas,
¿dónde te hallas esta noche?
Mis sentimientos subestimas
5
La superstición del "no tiempo",
a tu lado cobra vida,
desfigurando a la parca
del martirio insoslayable
Absorto en tu inocencia,
contemplo mil mareas y
su anaranjado tornasol
de noble y dulce ausencia
Te amo y solo eso me basta.
Espera inmaculada al alba
párpados cerrados, respiro,
enamorado en eterno suspiro.
6
¿Y que tal si vuelvo hoy y no mañana?
El sopor del anochecer es, más que mi elección, mi forma de ver las cosas, la contradicción incoherente, una vez mas, dos, tres, ¿cuántas van? no importa ya, el cinismo me aprieta en lamentos.
7
14 veces me llamaste... y yo no hice más que desatenderte,
mover siquiera un dedo provocaría mi ruptura en un sollozo tenue
invoco nervios, y apago luces, me inquieto ante la niebla.
Así, palpando el recuerdo de un ser olvidado, memorizo tus facciones.
No puedo más que confiar en aquella tarde, en el lugar en que permanecerá,
intacta, inamovible, inalterable, en mi memoria.
8
Inesperado bajar... solo desciendo las escaleras al asfalto,
no patino, me siento seguro en cada paso,
la melomanía cumpliendo el rol anfetamínico,
su rol predilecto contra toda apatía, todo mal pasar
III
Insípido es degustar las mañanas...
el sopor de trasnoche inunda el vértigo,
la sombra de un pasado en querellas,
el impaciente vigor traducido en nada.
Melodías y solo eso, un querer, un cumplir, un decir...
la cotidianidad transformada en un simple deseo de alegría,
el querer derribar los muros que agobian, el querer soñar,
el querer... el anhelar, el sufrir, el sentir, el amar... "
IV
Pensando con desgano en un futuro que me acaricia,
me toca, me amenaza, me golpea, me hace daño,
me hace daño... el tiempo... será un día, tres, cinco...
¿Qué importa? ¿Importa?
No mucho.
¿Molesta? ¿Lastima? ¿Duele? ¿Importa esto?
Abruptamente si, no verte, no abrazarte es,
una bocanada de frío y áspero aire
V
Amanecer silvestre... oyendo la brisa arañar mi piel,
soledad y vacío completos de ansiedad,
reconocer el vértigo monótono refleja quietud.
Puedo formular conjeturas sin juicios externos...
el vuelo indómito del alma
Selección - ezequiel (2006)
martes, 6 de julio de 2010
Expropiación

Bienaventurados los olvidadizos, le ganan la batalla hasta a sus errores.
Friedrich Nietzsche
Con cenizas...
En la tibieza de una almohada, en un cálido humo y en la gélida bebida, encuentro el pulso de las teclas que avanzan sin cálculos para depositar el elogio. La batalla del desamor. Nadie negaría la perversión de prevalecer invicto ante los continuos atentados. Ser sobreviviente de su caricia. Sobrevivirla. Sortear el obstáculo de su abrazo por el módico precio de un silbido agudo y letal. El nácar de las agujas que apuñalan y coaccionan la yugular. Por cada pensamiento, la transmisión se asemeja a un peregrinar eléctrico que sucumbe en el encéfalo y me permite apreciarte. De manera figuarada, no me hace falta su presencia real y exótica para mirarte. Entiendo a la perfección cada gesto y su falsificación en la fantasía me resulta atractiva y particularmente sensual. Por cada peregrinar, el estado catatónico se convierte en un estado de hipnosis voluntaria. Entenderá, pues, es preferible una inanición programada a una idiotez inexplicable, abrumadora e incontrolable. Todo se resuelve con el fin de la explicación total y la negación de casualidad. ¿Quién podría continuar sin el entrecejo fruncido? Puesto que desconfío del testimonio fantasmal de seres irreales, comprendo lo irascible como una fachada del impulso ininteligible y atroz. ¿Quién podría continuar con los brazos esposados? Puesto que las fragancias de la lluvia se cuelan entre las cadenas, una sonrisa impide el desarraigo y la completa inexistencia. Por cierto, la existencia se condensa en su iris castaño, en su iris perfecto, nítido, nacarado. En el cristal de sus ojos, de su boca y de su espíritu. Su corazón de cascabel tañe por cada paso el tacto de mis dedos. Y es tan hermosa situación... y es tan hermosa su caricia, y es tan hermosa...
-Por momentos le acestaría un golpe magnífico entre los ojos para acallar su emocion inquieta. Intente mantener la postura, la expresividad de acero y por sobre todo, las palabras justas sin acudir al simbolismo. Caso contrario... tomaré mi abrigo y me marcharé. Prosiga.-le dijo sin titubear, con más remordimiento que seriedad profesional.
-Lo siento. Lo sentimos, mis ánimos, mi psique, mi cordura, mi lengua y yo. Me resulta menester propagar su existencia de la manera más increíble. Me resulta menester apaciguar la impaciencia del logro en la fantasía anacrónica y atemporal. Contemplo cada una de mis descripciones como poéticas y desfiguradas de realidad, con la finalidad de desviar la rutina a colores y estados inciertos. Con la meta inusual de incinerar vestigios de objetividad cotidiana. Sí, yo, el mismo que pretende racionalizar lo visceral con cuentagotas y nicotina. Sí, el mismo que lleva el estandarte de la negación con orgullo, sobre el hombro y con soberbia. Precisa y exactamente el mismo que colabora en el escepticismo frente epifanías. Pretendo que, así sea por ósmosis, lleguen a su sien mis susurros. Sí, hoy creo en la telepatía. ¿Y cómo no creerlo hoy? Cuando concluyo que su aparición es una epifanía sensorial. ¿Y cómo no derruir la aflicción de un ayer? Cuando su voz me produce pérdida de memoria y otros síntomas involuntarios. Mi voluntad, su voluntad: distintos puntos de fuga para un mismo encuadre. Su mirar, mi mirar: diferentes matices para una misma composición. Su engaño, mi duda: una realidad mitigada por un fantasear complejo, desprolijo, adhesivo, incongruente, desalineado, eterno, temporal y poligonal. ¿Comprende?
-Comprendo, comprendo -ordenó sus anotaciones y las colocó dentro de su maleta. Se puso de pié y estrechó su mano- Espero sepa comprender la toma de decisión. Sabe usted que mi tiempo, aun siendo eterno, es valioso y codiciado. Dichoso usted que, por azar o por descuido de mis súbditos, logra conseguir mi escucha exclusiva. Por esto es que resuelvo, en mi condición de omnisciencia, con mi poder tanto sobre el todo como sobre la nada y con mi título de Dios, la expropiación de su alma. Disculpe usted.
Relatos ermitaños de pan - eze.
lunes, 5 de julio de 2010
Transducción de un "todo".

¿Y qué más? Vivimos muy estrechamente.
¿Y qué otra cosa? Tengo dolor de espalda y pies.
Camino por las cortadas, ajá, caminamos: almas, solitarias y vulgares.
Buscando bares. El día pasó y nada nuevo me ocurrió.
¿Qué te preocupa? Las nubes, allá, en lo alto.
Lejos, tan solitarias.
Tengo una cita con el destino..."
Event time - Claudio Narea
A decir verdad, la magnificencia de escrúpulos no me agobia, ni me entristece, ni me reconoce. No me es relevante para la toma de decisiones formales ante la duda. No me apetece la discreción momentanea de la elocuencia voraz. Ni cada salvedad dicotómica militante de desencuentros mentales. De nada me sirve la cosecha de la insatisfacción ante la renuncia de aquello. De nada me sirve.
Luego del contrabando melancólico urbano, solo queda el intrínseco bienestar. La no-ciudad y su no-venganza. La idolatría que subyace en aceras repletas del algo-nada. El susurro del pedestal repleto de golondrinas marmoladas sin remordimientos ni rencores. Sin el tiritar de almas muertas en tres pases o tres pasos. El todo, en su sentido epistemológico, se encuentra agazapado detrás de paredes luminosas.
El "todo", se encuentra subsumido por espacios oscuros dentro de un "nada". El "todo" existe precisamente allí donde se percibe, se inspira, se huele, se exhala y se inyecta la "nada". Quizás por el mismo dualismo cartesiano de un existir no-sano y no de un estar insano. Por contraposición recorro el simbolismo de las calles y su ortodoxia inamovible. Por desazón contemplo un asiento demolido ante un prototipo espectral. Por comprensión y amor al saber, manejo las formas con utensilios detallistas. Por el no-azar escribo y describo mi prosa refunfuñante frente al decoro innecesario del ser inexistente e inoperante. Sin tacto, sin sien, sin llanto, ni congoja, ni miseria, ni presagios, ni amalgama, ni hostilidad. Solo por goce. Ni siquiera por placer. Solo y exclusivamente, por goce.
Lo efímero se conduce por canales que desconozco y estalla en palmadas sobre una espalda sutilmente idiota. Ninguna cicatriz, solo palmadas de consuelo y entendimiento en el no-ser. En la trivialidad de lo invisible. En el sarcasmo de lo inaudito.
Lo mal impreso se desplaza sin distancia sobre el helecho involucionado que imita el pensar del no-ser. Allí permanece frágil e inalterable cada molécula de su aroma, para que quien se aventure a consumirlo, sufra de alguna jaqueca y no más que eso.
Lo motivacional, irrumpe la empatía, atraviesa el aire y, de algún modo que desconozco, atraviesa mi piel para corroer mi craneo y así concretar una cita con mis más viscerales observaciones pesimistas (hasta nihilistas) de la envoltura del todo. Un todo salvaje y una nada yerma que se complementan, se compenetran, se aman y se someten al estado amae por un fin común: el silencio.
Reflexiones de sal gruesa - eze.
jueves, 1 de julio de 2010
Así

la película que ví una vez
y este mundo te dirá por siempre
que es mejor mirar a la pared."
García Moreno, Carlos Alberto
"La noche es el momento perfecto,
tu voz al teléfono es el narcótico perfecto"
...
Caer así, vender cada molécula de mi cuerpo a tu precio, a tu aprecio. Desbarrancar sin dar conocimientos más que al alba. Esconder los subterfugios del desprecio y la soberbia en un rincón desconocido para enredarnos las pestañas sin prisa y sin ansias. Sin rimel, ni colores, ni rencores, ni recuerdos. Encargar al aire su labor de espía con su vigilia eterna. Encargar a los jazmines su fragancia, para ornamentar el encuentro perfecto. Establecer reglas inútiles y risueñas para las guirnaldas festivas de mis brazos. Destituir tu mirada imperiosa que doblega al noble, con el único fin de doblegar mi presencia. Así, tan tenue como sin precedentes. Tan suspicaz como paulatino. Tan tuyo como tan nuestro.
¿Y si caer tan rápido destruye el cuerpo y lo convierte en lágrimas? Entonces las lágrimas serían una laguna calma en donde se oya tu eco un tiempo algo prolongado, algo efímero. Serían las nubes de una tormenta, en su espacio y en su tiempo. Formarían un huracán preciso en su objetivo a demoler, irradiaría maleficios a los puntos cardinales para asegurar la victoria, desahogaría mil dulces penosos en forma de lluvia y dejaría un cielo azul, como el agua de la laguna.
Fumar tu cabello, el aroma de tu cabello. Recorrer cada gota del nectar de tus labios. Saciar los suplicios del alma en un terrón de azúcar y silenciar tu voz inquieta con palabras aliviadas de tiempo. Sin esquirlas, sin trampas, sin miedo ni algodón. Recuperar el encanto de la mañana en un café por la tarde, por la noche. Reconstruir los bocetos de un alud enmarañado de sentir para volver a caer, para volver a enredarse y para volver al cadalzo voluntariamente.
Así, tan así, demasiado así. La situación de la noche. La vicisitud de la noche y el zumbido etéreo que subyace a los sintagmas y sus formas. Así de volátil, así de plausible, así de palpable. Tan así te creo, tan así te imagino, tan así te siento... demasiado así, me atrevo a decir. Demasiado así, para caer al precipicio sin preocupación más que la locura; sin intermediarios y sin medios; con soltura y postura. Con la habilidad del decoro y del rodeo, sin atisbos ni signos; y con los ojos nacarados que guardo en centellas de mis pupilas sin culpa, sin manchas, sin sal.
Así - eze.
miércoles, 23 de junio de 2010
Polvo de estrellas
El silencio los atrapa en burbujas de rocío, y solo es interrumpido por las minúsculas explosiones de las ramas secas que se colapsan en el fuego. El silencio de las noches de verano. Un silencio temprano que se asemeja al duelo sin muerte, al contemplar una vela en penumbras, a la ausencia de sonidos que brinda el dormir.
En un descuido de reflexión voluntario o involuntario, ella decide irrumpir el silencio: -¿cuál de las estrellas será la última en desaparecer?. El caballero, toma su espada y señala una estrella entre la infinidad que mostraba la noche para agregar: -aquella que decidas, sea el reflejo de mi sentir por usted.
-Es usted muy considerado, digame, por favor, ¿y si al atardecer de mañana ya no puedan mis ojos divisarla? ¿y si desapareciese mientras dormimos o mientras intentamos perpetuar nuestro abrazo?
-En tal caso, señorita, mi sentir se convertirá en polvo de estrella y se depositará en otras, más cercanas a usted. Así, esperarán que usted las divise y las corone partes de mi ser.
-Expliqueme, caballero, ¿cómo haré para no confundir esas estrellas que me corresponden con las vacías de vos?
-Usted, mi dama, es quien conduce mi voluntad. Será usted quien podrá decidir en qué región del cielo se encuentra mi sentir, mi esencia, mi existir. Dependerá de usted, indicar mi aterrizaje sobre las estrellas que desee. Será el dedo que utilice para señalar el firmamento, la herramienta que señalará mi destino.
La joven no hizo más que entregarse a los brazos de su caballero para que él acaricie su cabello, sus hombros y sus brazos. Para que el perfume de su blanca piel llegue hasta sus pulmones y lo llenen de un calor nacarado, inmutable y completo. El frío de la noche se doblega en un abrazo cándido y medieval en el que dos amantes no especulan distancias ni finales. Ni siquiera la fatalidad. Únicamente un rebaño de estrellas que copulan en el cielo logra hacerles el amor en un castillo plateado. El frío de la noche, las estrellas, el fuego que se apaga y sus suspiros, son los únicos ojos protagonistas de su eternidad.
Relatos ermitaños de pan - eze.
A mis amores efímeros de la vida.
uno tropieza con inconvenientes aberrantes para su satisfacción.
Un ejemplo es la "nada", la nada interviene drásticamente en la interpretación fugaz de tierra yerma.
En la interpretación paulatina del "no ser", de la inexistencia y la ausencia de la cosmovisión general del todo.
Amanecía lentamente, como todos los días nacen detrás del horizonte. El reverberar de palabras se encogía durante la noche para dar rienda suelta a un sinfín de cometidos tormentosos. Es que la idea clave de cualquier amigo no puede ser tan irremediablemente verdadera. Una falla detectada en las premisas concluirían de manera lógica y positiva el error de la generalización.
Marcaban las nueve en el reloj de pié junto al escritorio, tomé las llaves y partí rumbo al día. Mientras cerraba la puerta percibí a aquella vecina un tanto diferente, un tanto más hermosa, un tanto más apetecible. Sus curvas más pronunciadas y hasta más femenina. Es sabido que uno de los peores martirios para un hombre es ver a su anterior pareja más sensual que cuando él fue protagonista de la historia. Pasado por alto aquello (puesto que no se encuentra dentro de mi persona ser libidinoso con las muchachas de mi cuadra) continué mi camino hasta la parada del omnibus. Carla estaba ahí, con su cabello azabache cruzando mi mirada. No encontraba coincidencia en su camino y el mío, podría asegurar que tomaba otro colectivo. Incluso me atrevería a afirmar que la vi caminar en la dirección opuesta a la mía. Tal vez haya estado dormido y la percepción por la mañana es un tanto diferente entre lagañas, frío matinal y el sol que obstruye la retina.
El 136 se asomaba por 25 de mayo con sus suspiros hidraulicos, en ese momento pude divisar a una mujer que corría para alcanzar al colectivo. Me tocaba subir, pero dejé una pierna en el primer escalón y esperé que la sorpresa se acercara con ese galopar torpe. La bella mujer que corría dejando sus pulmones en cada paso era indiscutiblemente Carla. En ese preciso instante me detuve, con el ceño fruncido, a aventurarme en un hilar de ideas bastante oscuro. Mientras le cedía el paso a Carla para que subiese, miraba a Carla colocar moneda a moneda la suma de dos pesos.
Comencé por el inútil intento de recordar el consumo de algún estupefaciente antes de salir, incluso la noche anterior, pero juraría que no consumí ningún alucinogeno. Seguí por la idea de una gemela que nunca conocí, idea que derrumbé al subir el último peldaño del colectivo. Efectivamente, me encontré con siete Carlas más. Por último, acudí a la idea del sueño, de la irrealidad completa y constituida por el fantasear. La verdad es que la sorpresa me duró poco. Sí, se que es increíble, pero me acomodé como pude y esperé que alguien notase lo mismo que yo para sentirme no se si acompañado, pero al menos, menos solo. Y no, cada uno en su territorio mental, miraban sí las caras de unos y de otros, sus conductas, sus resfríos de otoño, sus codos, sus ropas, sus zapatos, sus manos. Pero nadie se alarmaba al ver nueve señoritas voluptuosas e idénticas desde el exterior de sus vestiduras hasta los huesos y los genes.
Fue un error suponer que en el trabajo encontraría el alivio de sentir el día como otro más del montón desperdiciado en mi vida. No estoy seguro del beneficio o la desventaja del asunto, lo cierto es que llegaba al edificio y la voz de Nora me sonó algo extraña, giré y encontré, por si fuera poco, a Carla. Julieta, Sabrina, Eve, la chica de las fotocopias, la del bar, la del kiosco, la del 8vo C, la que limpia, todas eran Carla.
Hacia el final del día, cuando ya todo parecía normal y hube superado el desafío de mantener la cordura, me encontré con mi amigo en la calle. Él salía de su rutina laboral en el taller mecánico. Me atreví a preguntarle luego de tomar al azar a dos mujeres que pasaban por el lugar a modo de ejemplo: loco, ¿no encontrás una similitud de consideración significativa entre esas dos minas de ahí?. A lo que él me respondió luego de encender su cigarrillo con las manos sucias del taller: esas dos son iguales a esas cuatro de la esquina, y a su vez a esas ocho que toman café ahí adentro y a las dieciseis de tu oficina. Te lo dije ayer, son todas iguales.
eze.
Nota de autor: es necesario dar fe de mi consciencia a la hora de escribir estas lineas precedentes. Sé, sin lugar a dudas, que la calidad del escrito es realmente mala. Pero sepa ud, señor lector, que a efectos de la expresión y práctica, la prosa elaborada es sumamente voluntaria.